Elecciones Francesas: Macron o Le Pen, las dos caras de la misma moneda para los africanos.

Por Saiba Bayo, Analista político.

Francia elegirá su nuevo presidente en un contexto de máximo estupor y de crisis de valores. Jamás la sociedad francesa ha vivido una polarización ideológica y social semejante desde la crispación política que dio lugar a la quinta republica en 1958. La falta de liderazgo, la desconfianza en las instituciones, la baja moral de la sociedad y las crisis en las colonias propiciaron la caída de la cuarta republica con la vuelta de Charles De Gaulle que se había retirado de la política desde 1950. La panacea de la crisis fue la creación de un régimen presidencialista con mayor concentración de poderes en el presidente de la república al detrimento del parlamento. De Gaulle pondrá en marcha una profunda reforma de las instituciones que afectaría incluso las relaciones entre Francia y sus colonias sobre todo las colonias francesas de África negra. Desde entonces todo lo que ocurre en la esfera del poder en Francia tiene consecuencias directas para los africanos. Por otro lado, Francia ha procurado mantener siempre un orden colonial y, por doquier, sigue desarrollando una política de cooperación en todos los países bajo influencia con el fin de mantener la dependencia económica y monetaria.

Para entender la relación de dominación económica y monetaria que mantiene Francia con los países Africanos que fueron colonizados hasta los años 1960 tendremos que bucear en el pasado. En 1945, con De Gaulle al poder, Francia crea el Franco CFA (Colonias Francesas de África) que sigue vigente hasta hoy en 14 estados africanos. Para crear el Franco CFA De Gaulle se inspiró en la política de ocupación Nazis a la que Francia estuvo sometida durante la ocupación alemana.

En qué consiste la cooperación monetaria franco-africana y como funciona? En 1958 para evitar brotes de insurrecciones en las colonias a la imagen de la guerra de Algeria, De Gaulle visita las colonias de AOF (África Occidental Francesa) y AEF (África Ecuatorial Francesa) y aprovecha para organizar un referéndum sobre la independencia. Los africanos debían elegir entre quedarse en la comunidad francesa (colonización suave) o romper completamente toda relación colonial con Francia. Solo un pueblo, Guinea Conakry, decidió asumir su destino fuera de la dominación y las órbitas francesas.

Francia dará la independencia superficial a los africanos en 1959. Los africanos son independientes pero tendrán que seguir pagando un impuesto colonial a Francia para seguir manteniendo la moneda colonial. Todos los países independientes seguirán depositando el 100% de las reservas nacionales o Producto Interior Bruto (PIB) al Tesoro Público francés hasta 1973. En 2005 ese porcentaje se rebajó al 65% y actualmente se sitúa al 50%. De hecho el informe del BEAC y del BCEAO en 2005 hablaban de 72 Mil Millones de Euros el deposito de los estados africanos en el Tesoro Público francés. A pesar de esta inmensa riqueza de los africanos, la proporción de crédito en función del PIB de los países de la zona  CFA es de tan sólo el 23% cuando es más del 100% en la zona Euro. Es decir que los países africanos están autorizados a pedir un prestamos equivalente del 23% de su PIB para financiar sus políticas de desarrollo. El lector se estará preguntando cómo es posible. Pues yo también me hacía la misma pregunta.

Después de las independencias se crean dos zonas económicas y monetarias conocidas hoy Unión Económica y Monetaria de África Occidental: UEMOA (1962) y Unión de Estados de África Central. UDEAC/CEMAC (1964) a estas dos zonas hay que añadir las islas de Comores. Para el funcionamiento de estas zonas económicas tuteladas por Francia, se crearon tres bancos centrales BCEAO (Banco central de los Estados de África Occidental), BEAC (Banco Central de los Estados de África Central) y el BCC (Banco Central de los Comores). Todos estos bancos están hasta la fecha de hoy subordinados al Tesoro Público y el Banco Central de Francia. La primera consecuencia de esta estructura de subordinación la presencia de Francia en el Consejo de Administración de todos estos bancos con los mismos poderes que los representantes de los Estados miembros y con derecho de veto. Lo que implica que cualquier cambio o modificación que afecte la naturaleza o las competencias de los Bancos Centrales Africanos requiere la unanimidad de los miembros incluyendo Francia, representado por el ministerio de Economía y Finanzas. Además, en cada Estado miembro se crea el Consejo Nacional del Crédito donde se reúnen el Ministerio de Finanzas, los administradores Nacionales en el Banco Central, 4 otros representantes del Estado y un representante del ministerio de finanzas de Francia. La función del Consejo Nacional de Crédito son entre otras: analizar las cuentas del estado y evaluar las presupuestos para la inversión pública.

Parte de las dificultades que enfrentan los Estados postcoloniales africanos a todo tipo de desafió (gobernanza; economía; soberanía, estabilidad etc) viene dada por las circunstancias históricas de su dependencia a las antiguas metrópolis occidentales. Tal vez por estas razones la mirada de occidente sobre África se realiza todavía desde las prismas del colonialismo y del neocolonialismo. La gran mayoría de los eruditos europeos que proyectan sus mirada sobre África se limitan generalmente a recopilar anécdotas de sus viajes o analizar los sistemas fallidos de los nuevos estados para contar una realidad compleja de por sí. En cuanto a los políticos y los medios de comunicación, les interesa África para llenar los vacíos en sus programas electorales y los programas dominicales e las grandes cadenas.

Por doquier, presencia de Francia en todas las facetas de la política de las ex colonias en África es un hecho indiscutible, una evidencia. Como lo vimos arriba, cualquier cambio en la formación del poder político en Francia tiene consecuencias directas en África. De modo que unas elecciones francesas son también elecciones africanas puesto que se juega siempre el devenir de los pueblos africanos. Sin embargo, después de seguir atentamente la campaña electoral francesa y leer atentamente los programas de las principales formaciones, sobre en aquellos puntos sensibles a la relaciones franco-africanas, como africano, debo decir que no tenemos absolutamente nada en juego. Pues ninguno de los dos candidatos de las segundas vueltas propone una solución clara para la independencia económica de los países africanos y el fin del neocolonialismo.

Sin duda alguna, por lo que hemos podido sacar del estudio de los programas electorales, los candidatos que abanderaron la causa de los africanos son unos desconocidos por los propios africanos y, como no, por la mayoría de los electores franceses. Dos candidatos con perfiles dispares han intentado introducir, sin éxito, el tabú de las relaciones franco-africanas en la agenda política francesa. El primero, Jéan-Luc Mélenchon aborda el tema pero muy superficialmente. Mélenchon consiguió la cuarta posición con el 19,58% de los votos. Su programa destaca claramente la necesidad de respetar la independencia y la soberanía de los estados africanos evitando la injerencia en las elecciones y el apoyo a las dictaduras.

El segundo, Philippe Poutou, líder del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), era el único que ha apostado claramente por la ruptura con el sistema neocolonial. En su programa recalca claramente lo siguiente. “Exigimos el fin de la Françafrique, este sistema colonial de Francia, a través de su apoyo a las dictaduras, por su presencia militar, por mantener el franco CFA, la ayuda a mantener opresión, miseria y explotación en África, para los intereses de Francia y de las multinacionales francesas”. Sin embargo su mediocre resultado del 1,1% es tal vez la explicación de la falta de interés de sus oponentes.

Es el caso del candidato de la Derecha, François Fillon, que se ha limitado a hablar de las relaciones que “unen Francia a los países de la orilla sur del Mediterráneo, a partir Marruecos, Argelia y Túnez pero también Israel, Egipto o el Líbano”. Para Fillon la cooperación con África se limitaría en la cooperación militar. En cuanto a Benoit Hamon y el Partido Socialista la relación con África se concibe con el aumento de la ayuda al desarrollo hasta alcanzar el 0,7% del PIB. En relación a África, el programa de los socialistas es idéntico a lo que recoge Emmanuel Macron y su movimiento.

Como suelo decir, el principal problema de Francia es la ignorancia del pueblo sobre de su pasado y la falta de entendimiento del los desafíos del mundo. Ese componente es, de hecho, lo que refuerza y explica de hecho el apoyo recibido por Emmanuel Macron y Marine Le Pen. Es más, ambos candidatos centran sus programas en la cooperación al desarrollo como modelo de desarrollo económico del continente. Ni Emmanuel Macron ni Marine Le Pen se toman en serio abordar el nebuloso asunto de las redes corruptelas que se articulan alrededor de la moneda colonial y la relación de dominación que mantiene maniatada las economías africanas en el abismo.

Veamos en concreto que dicen las grades líneas de las ideas de los candidatos en la segunda vuelta acerca de la relación con África. A pesar de su pasado por las altas esferas de las políticas económicas y financieras de Francia, Macron se limita a una tibia referencia a las relaciones entre África y Francia que se articulan, según Macron, sobre la lengua y la cultura francesa, tal y como queda recogida en su programa: Cooperación lingüística, apoyo a escuelas francesas en el extranjero, el papel en las instituciones francófonas, el lugar de los institutos de investigación en el mundo, el desarrollo de francés y a cultura francesa… El líder de En Marcha apuesta por “defender los intereses de Francia en el Magreb y en África”, dos continentes claramente diferentes en la concepción de Macron y Le Pen.

Por otro lado, la añoranza del imperialismo francés es un vector claro del ideario del Emmanuel Macron y queda recalcado cuando dice: “La enseñanza de la lengua francesa y en francés no es un valor del pasado. Es un vector esencial de nuestra influencia, pero también para combatir la propagación del radicalismo”. Para ello Macron piensa que hay que dotar la diplomacia francesa de más medios para reforzar su presencia en África. Topamos aquí con la justificación del imperialismo moderno de Macron ya que vuelve a utilizar la cultura como medio para cambiar y educar a los otros pueblos, esa misión civilizadora que abanderó antaño el imperialismo occidental. Algo descaradamente sorprendente en pleno siglo 21 donde abundan los llamamientos para más igualdad, reconocimiento y multilateralismo.

Pero cual es la diferencia entre la política africana de Macron y aquella de sus predecesores. La respuesta ya os suena. Se llama 0,7% del PIB en ayuda al desarrollo. Así es, la ayuda pública al desarrollo, la misma ayuda que sigue manteniendo los países africano en el abismo, la pobreza y el subdesarrollo. Pero vamos a darle su merito a Macron. Esta vez él quiere llegar al cumplimiento de las promesas. Para Macron la dependencia económica y monetaria de las ex colonias africanas de Francia no es un asunto que merece estar en la agenda. Como ex ministro de economía de Francia, Macron conoce perfectamente las redes de la Françafrique y la relación de dominación económico-financiera.

Manuel Macron tiene otro merito. Se presenta para la elite francesa como una mezcla extraña de Napoleón Bonaparte y Charles De Gaulle. Sin embargo la definición mejor aciertada sobre la figura de Macron es dada por Frédéric Lordon cuando escribe en le Monde Diplomatique: “Macron es el espasmo de un sistema que empuja a su paso, su última solución, la única manera de disfrazar una continuidad que se ha vuelto intolerable para el resto de la sociedad”. De hecho la carta de presentación y la introducción de programa es un autorretrato de este liderazgo sobre todo cuando escribe: “Me decidí a presentar en las elecciones presidenciales porque quiero devolverle a cada francés y cada francesa la confianza en ellos mismo y la confianza en Francia”. Que pueden esperar los africanos de Manuel Macron?

Con esta pregunta retorica quiero enlazar la lideresa del Frente Nacional. Si la recuperación del patriotismo en la oratoria es el motor del discurso del Macron, lo es para el alma del proyecto de Marine Le Pen. Las dos candidaturas finalistas para la segunda vuelta tienen varias similitudes que quedan eclipsadas por sur posturas a favor y/o en contra de la Unión Europea, la temática migratoria y la islamofobia.  Sin embargo tanto EM como el FN son partidos personalistas donde todo se gira entorno a la figura del líder. Lo más destacado es que los dos se pronuncian claramente a favor del fin del espectro izquierda derecha y del concepto de Lipset y Rokkan sobre la interpretación de la inclinación del voto en base a los clivajes. Ambos candidatos han ofrecido un discurso difuso y transversal pero poco centrado sobre las soluciones. Si algo ha quedado claro en estas elecciones es que los tiempos y las circunstancias han cambiado drásticamente desde la irrupción de los partidos de masas en los años 1960. Las sociedades postindustriales ya no se pueden entender en claves sectarias ni se las puede seducir con las retóricas de clase y del elitismo que caracteriza la dinámica de partidos.

Sin embargo la percepción de la relación histórica de dominación entre Francia y África no sufre prácticamente grandes cambios en los dos programas. Lo que merece subrayar es que África no existe para Marine Le Pen. El programa de Marine se articula sobre 144 puntos y las menciones a África son escasas y aparecen recogidos en el puesto 124 donde propone: “Poner en marcha una verdadera política de co-desarrollo con los países de África que se basa principalmente en asistencia al desarrollo del sector primario, la ayuda a mejorar los sistemas agrícolas y la asistencia para el fortalecimiento de las herramientas de defensa y seguridad”.

Mañana será un día decisivo para los franceses pero para los africanos será como tirar una moneda al aire y echarlo todo a cara o cruz.  Seguiremos manteniendo el CFA, seguiremos pagando un impuesto colonial depositando el 50% de nuestro PIB al Tesoro Público francés, Nuestro presidentes seguirán bajo ordenes de las embajadas francesas, la presencia militar de Francia en nuestros países permanecerá para siempre.

Por Saiba Bayo, Analista político.