El crecimiento económico africano dibuja una línea ascendente progresiva. Con una mejora del 74% en las economías de la zona subsahariana entre 2014 y 2015 vamos a tener que dejar de pensar en África como un “continente olvidado”. Todo lo contrario, la OCDE afirma que el continente es la segunda economía qué más rápido crece después de la zona del este asiático.

Tras el cierre del año se espera que África aumente su crecimiento en un 4,5% en 2017, dando fuerza a la economía internacional y acomodando gradualmente la crisis de precios. Los indicadores de apertura de empresas, la obtención de créditos y el registro de propiedad han aumentado vertiginosamente en los últimos años.

Así lo han visto países como China, Arabia Saudí o India, que se han lanzado a invertir en tierras africanas en vista del gran nicho de oportunidades inexploradas que existen. El único problema es que el continente africano asoma la cabeza al desarrollo económico con un alto grado de desigualdad social.

Para poner en contexto al lector, África es un continente donde más del 50% de la población vive sólo en siete países de los 54 que conforman el continente. Se está asistiendo a una gran expansión de la clase media baja que se aglutina alrededor de 200 millones de personas repartidas en más de 60 ciudades con más de un millón de habitantes. Las nuevas tecnologías avanzan a pasos agigantados y la conexión móvil, sorprendentemente, está muy generalizada en el continente.

Lo curioso del desarrollo económico y social se encuentra en sus paralelismos tecnológicos: la mayoría de africanos no tienen electricidad, ni tienen acceso al agua, pero en 2014 el 38% de africanos tenían teléfono móvil.

Intentando dejar atrás la imagen del África pobre, ¿qué sectores concretos se están desarrollando? Dependiendo de las necesidades de la población se está produciendo una proliferación de negocios muy dispar. Pero destaca la inversión exagerada en urbanismo e infraestructuras que viene de la mano del estallido demográfico africano.

La población que vivía en las ciudades se ha duplicado. Este fenómeno no se parece al de otras regiones como Asia, en la que las infraestructuras acompañaban las necesidades de la población, desde la ONU afirman que hasta 2050 no se van a conseguir construir tantas casas, carreteras, servicios y alojamientos como personas africanas vayan a necesitarlas. Ghana, por ejemplo, ha duplicado su población de 1991 a 2000, creciendo un 7,2% en sólo nueve años.

Uganda, Kenia, Mauritania, Senegal y Benín son los cinco países que más han mejorado su economía en 2015. En conjunto, esto se debe a la implementación de varias reformas regulatorias que favorecen el hacer negocios con empresas extranjeras. África necesita contribución de socios comerciales y de inversión y una mayor integración en las cadenas internacionales de exportaciones e importaciones.

La agenda del desarrollo africano

Pero no sólo se trata de desarrollar el mercado exterior, la Unión Africana tiene preparado un plan llamado Agenda 2063 en el que se espera “aprender de los errores del pasado y construir una red de autogestión de los recursos africanos por y para los africanos”. La iniciativa recoge ideales democráticos de regionalización, tanto social como económica, así como una mejora de la financiación y un mejor aprovechamiento de los productos propios.

El desarrollo de carreteras que conectan las áreas rurales entre sí, la facilitación de la movilidad, y el empleo en construcción están acelerando el proceso económico de manera brutal. El área del África subsahariana es de gran potencial económico, la apertura de distintos mercados, la clase política y funcionaria cualificada y las mejoras en el indicador de gobernanza son factores que animan a invertir a empresas extranjeras.

Más de 1.500 empresas españolas operan en África

En concreto España tiene muy buenas relaciones con Marruecos y Argelia y sólo invierte un 1,73% de sus exportaciones en la zona subsahariana, en los países de Sudáfrica, Nigeria, Angola y Guinea ecuatorial. En cuanto a importaciones, el 60% del gas y el 40% del petróleo provienen del continente africano.

Más de 1.500 empresas españolas operan en África y casi 40.000 exportan a ese mercado, cifra que supone un incremento del 10% en los últimos años. La mayoría de proyectos españoles desarrollados en África son energéticos, hídricos y de carreteras. FCC, Acciona e Isolux Corsán lideran los contratos nacionales en el continente africano. Las empresas españolas producen el 40% de las energías renovables en Sudáfrica, país emergente que se disputa el papel de motor económico africano con Nigeria.

Uno de los mayores contratos logrados por una firma española en África es el que FCC Aqualia obtuvo en agosto de 2015 para el diseño, construcción y operación de la planta depuradora de Abu Rawash, en El Cairo (Egipto). Esta instalación tratará 1,6 millones de metros cúbicos de agua al día y dará servicio a 5,5 millones de personas cuando esté en funcionamiento, lo que la sitúa entre las mayores depuradoras del mundo. Además de ser la mayor obra en la historia de la división de agua de FCC, por la que facturará 2.400 millones de euros.

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